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sábado, 16 de octubre de 2010

Con un ser vivo de 2000 años, mes arriba, mes abajo

Después de haber localizado el tejo de Aleje, empece a leer cosas sobre estos árboles, encontrando algunas cosas curiosas.
Los pueblos celtas veneraban al tejo dado que formaba parte de algunos de sus rituales al ser considerado un árbol sagrado, probablemente debido a la extraordinaria longevidad de la planta, que la hace parecer inmortal.
Según la tradición céltica en la Cornisa Cantábrica los novios ofrecían a sus parejas una rama de tejo. También durante la Noche de San Juan era asimismo usual que los mozos depositaran estas mismas ramas en las ventanas o puertas de la casa de sus pretendidas, mientras ellas les tiraban bayas de este mismo árbol.
 En Irlanda tienen el romance de Naoise y Deirdre, que cuenta la historia de dos amantes desdichados. Hasta la muerte quisieron manternerlos separados y clavaron sus cadáveres con estacas de tejo. Pero las estacas arraigaron y los dos árboles espléndidos pudieron abrazarse al fin para siempre sobre la catedral de Armagh.
Según los ingleses es el ser vivo mas longevo que existe.
Sobre este tejo que nos ocupa en particular, alguna persona mayor de Aleje me ha contado que también hace ya unos cuantos años tenían la costumbre de subir los mozos a recoger ramas del tejo para ofrecérselas a sus novias.
Y como no, también su leyenda de tesoro, esta leyenda parece que no es en el único sitio que existe.
La leyenda en cuestión dice -Entre Argovejo y el tejo, hay un pellejo de toro, repleto de monedas de oro- por supuesto que hasta ahora, nadie ha encontrado el dichoso pellejo.

Así que después de leer todas estas cosas aún me entraron mas ganas de ir a ver el tejo de cerca, no siempre se tiene a mano el poder estar junto a un ser vivo de 2000 años, venerado por unos y legendario.
Sin pensarlo mas aprovechando que ya paso la borrasca y que el día no amenazaba lluvia, me dirigí por Ocejo de la Peña siguiendo la pista que lleva al valle de Pico Moro, hasta la misma base de la Peña Rionda, el collado de Argovejo

Ladera de Peña Rionda con el Pico Cerroso al fondo
Comenzamos a subir por la ladera de la peña hacia el paso que queda entre esta y el Moro, el viento soplaba no muy fuerte, pero de un gélido que cortaba el cutis. Pero entre la ascensión, el sol que algo calentaba y conforme nos íbamos metiendo mas hacia la cara sur que quedábamos resguardados del viento, empezaba a sobrar ropa de abrigo.
El valle tras las lluvias de los últimos días estaba mucho mas verde que cuando había subido en agosto.

Valle de Pico Moro

  Nos íbamos acercando al collado por el que teníamos pensado pasar al lado en que se encuentra el tejo y desde abajo parecía que no era tanto el desnivel, pero al echar la vista hacia abajo nos dimos cuenta que la subida era considerable desde donde habíamos dejado el coche.

Collado de Argovejo
Ya en el collado damos vista hacia el llano leones, teniendo en primer termino el pueblo de Sabero


la collada
A nuestra izquierda queda Pico Moro


Paredes de Pico Moro
Y a la derecha, Peña Rionda


Peña Rionda

Comenzamos el descenso por la cara oeste, por este lado no sopla nada de viento, pero a la sombra el fresco se deja notar, así que no nos detenemos mucho a contemplar el paisaje.
Al poco de ir perdiendo altura, en cuanto rodeamos un poco la peña, allí aparece nuestro objetivo, el tejo milenario.


Tejo de Borbonejo
Como un imán nos va atrayendo, estamos a punto de tocar 2000 años de vida, algo legendario, algo que fue sagrado en la antigüedad. Imagino a los druidas celtas acercándose a él para recoger sus bayas, para producir brebajes y pócimas.
Según vamos llegando junto a él, nos damos cuenta de su grandeza, desde lejos parece mas pequeño, ya que no es extraordinariamente alto, pero de cerca sus intrincadas raíces que parecen estrangular las rocas, son impresionantes.


Raíces del Tejo
Ahí nos quedamos un buen rato, contemplándolo, tocando sus ramas y sus hojas, debajo de sus ramas da la impresión de haber entrado en una cueva, su espesura no deja pasar los rayos del sol, no soy muy bueno calculando estas cosas, pero la circunferencia de su copa, ha de alcanzar al menos unos 10 metros de diámetro y llama la atención la redondez de su copa, parece que haya sido podada para darle esa forma tan redondeada.

Junto al Tejo



Una vez contemplado, tocado, fotografiado, etc, etc, nos surgió una duda ¿y ahora por donde subimos? y como siempre apetece mas seguir camino que volver para atrás, decidimos darle la vuelta a la Rionda, así que seguimos rodeándola hasta tener enfrente el Roscas


Pico Roscas
Entre medio de los dos picos hay una valleja por la que podemos subir pegados a las paredes de la Rionda


Pared norte de Peña Rionda
Subimos pegados a la pared, pero por lo empinado del terreno da la impresión que estábamos subiendo por una pared, es de esos que a cada paso te dan ganas de contemplar el paisaje y con la excusa de -mira que bonito-, descansas y recuperas resuello.
Por fin alcanzamos la collada, esta vez se agradece un poco de aire fresco que refresca nuestras caras, desde arriba miramos a un lado la ladera del Roscas


Ladera sur del Roscas
Y al otro el puerto Tejedo con el Pico Cerroso


Puerto Tejedo
La visión por este lado es espectacular, continuamos por la cara norte


Ladera norte de Peña Rionda
Una vez superado el cordal volvemos a tener a la vista el valle de Pico Moro, 

Valle de Pico Moro
 Allí tomando el sol y dándole placer a la vista, reponemos fuerzas, ya solo queda bajar la ladera oeste hasta volver al collado de Argovejo, donde nos espera mi viejo compañero de fatigas, que me ayuda a acercarme a las alturas y me ahorra las largas pateadas de aproximación.


Mi viejo y duro compañero en el collado de Argovejo

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