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miércoles, 2 de noviembre de 2011

En el Valle del Río Oza

Con el cambio de hora a las 8 de la mañana ya clareaba y allí estábamos, delante de la iglesia, ya dispuestos para colocar las mochilas y bicicletas en los maleteros del autobús, la mañana estaba fresca, por lo que sin perder un minuto todos p'arriba que se está mas calentín.
Bajando por la vega del Esla el señor sol salió a saludarnos, tras haber estado toda la semana escondido

El señor sol nos saluda
El sol todavía no tenia fuerza para hacer desaparecer la escarcha que cubría los campos


campos cubiertos de escarcha
Después de una semana de lluvia y con previsión de otra semana con mas lluvias aun, el cielo hacía presagiar que íbamos a tener un día espléndido

Cielo otoñal
Con una breve parada en León para recoger a los Rejos capitalinos, llegamos a Ponferrada, donde tras un café para entonarnos, nos separamos en dos grupos, unos van ha hacer una ruta en bicicleta mientras el resto continuaremos en el autobús hasta Montes de Valdueza, donde comenzaremos la ruta a pie

El grupo sobre ruedas
La carretera va trepando entre viñedos

Viñedos del Bierzo
Desde lo alto vemos a lo lejos Ponferrada y la columna de vapor de la térmica de Cubillos

A lo lejos Ponferrada
La carretera se va adentrando en la montaña y cada vez se ve mas estrecha y con curvas mas cerradas, pero todo va sin problema, vemos una señal de limitación de altura y anchura y empiezan las dudas, hasta que llegamos a San Clemente de Valdueza y la cosa se pone difícil ¿Pasara el bus?
A ver si con una maniobra, encarándolo bien, a ver un poco a la derecha, ahora un poco a la izquierda, parece que no pasa

Paso estrecho
Y fue que no

No pasó
Hubo que desistir y nos dieron calabazas

Calabazas
Así que cambio de planes, mochila al hombro y empezamos a patear desde aquí, habrá que hacer algún km mas y unos cuantos metros mas de desnivel.

Comienza la pateada
Vemos unos indicadores en el pueblo que nos encaminan por una calle a tomar un sendero hacia Montes, allí se nos une un agregado con el que nadie contaba

"El Agregao"
Subimos hacia Montes entre castaños, cosa que aprovechamos para ir probando las ricas castañas bercianas, alguno de estos castaños tienen un tamaño espectacular

¡Pedazo castaño!
La senda al principio tiene una pendiente que hace resoplar a mas de uno, sin dar descanso a las piernas, pero por fin el camino se aplana a la vez que tenemos toda una panorámica del Valle del Oza con el Alto de las Berdiaínas por encima de todo


Valle del Oza

Con el sol en todo lo alto la pizarra del camino brilla como si estuviera mojada

Caminos de pizarra

Llegamos a Montes de Valdueza, aquí la pizarra brilla en los tejados

Montes de Valdueza

Aquí encontramos el monasterio de San Pedro de Montes, que si bien fue de los mas poderosos monasterios bercianos, primero el obispado de Astorga, que se desentendió de su mantenimiento, después la desamortización de Mendizábal lo dejó en estado ruinoso y a pesar que en el año 1931 fue declarado Monumento Nacional, hoy recuerda a las ruinas de Angkor Wat, con sus muros invadidos por raices

Monasterio de San Pedro de Montes
Continuamos bajo un arco entre sus muros para seguir camino a Peñalba


Monasterio de San Pedro de Montes
Otra vez caminamos entre viejos castaños que nos dan sombra en el camino

Castaños centenarios
Según ganamos altura los castaños dejan paso al matorral y en medio aparece una especie de escultura sin indicación alguna

No se que es
Vemos la collada que tenemos que salvar después de bajar hasta el arroyo

La collada
Cruzamos el arroyo que desciende de Pico Tuerto para rendir sus aguas al río Oza, mientras va jugando entre piedras y musgo

Arroyo del Pico Tuerto
Desde el arroyo sube un sendero pegado a las peñas, que entre la distancia recorrida, el desnivel salvado, el hambre que ya aprieta y la pendiente que tiene el senderín, parece que no acaba nunca

El Carballal
Pero todo llega, y nosotros también hasta lo alto de la collada cada cual se acomoda y empieza aquello de quitar peso a las mochilas para ponerlo en el estomago
reponiendo fuerzas
Una vez dado cuenta de las viandas y con un café y un chupito de orujo en el cuerpo ya todo es cuesta abajo

Bajando a Peñalba
En la bajada otra extraña figura, una especie de laberinto imitando los que hacían los celtas

Curioso laberinto
No se si por tener el estomago lleno o por el orujo, el caso es que la bajada se hace cómoda hasta el Arroyo del Silencio

Bajada hacia el arroyo del Silencio

Desde el arroyo tenemos delante nuestro el Valle del Silencio, donde se encuentra la cueva de San Genadio, que unos cuantos fueron a visitar

Valle del Silencio
El resto nos dirigimos directamente a Peñalba de Santiago, un pueblín encantador, con casas de piedra y tejados de pizarra, las calles empedradas por las que no circula ni coche

Peñalba de Santiago
Los que fuimos directamente al pueblo esperamos en la plaza aprovechando para un merecido descanso, hasta el "agregado" se apunto al descanso


Compañero de pateada
La iglesia, curiosamente se llama al revés que el pueblo, Santiago de Peñalba, fue construida en el año 937, de estilo mozárabe es también monumento artistico nacional desde el año 1931, pero ha tenido mas suerte que el monasterio de San Pedro de Montes


Iglesia de Santiago de Peñalba
La portada con arcos de herradura, denotan el estilo mozárabe de la construcción

Portada mozárabe
Esta iglesia tiene dos peculiaridades poco comunes, como son sus dos ábsides contrapuestos y su espadaña separada de la iglesia

Espadaña de la iglesia
Antes de volver a emprender la marcha no puedo resistir el hacer alguna foto mas de los rincones de Peñalba

Peñalba de Santiago
El sol ya solo da en las cumbres, así que sera cuestión de emprender la marcha hasta San Clemente para que no se nos haga de noche por el camino
Peñalba de Santiago

Antes que oscurezca una ultima mirada atrás para contemplar el paisaje de los Montes Aquilianos con su Valle del Silencio

Valle del Silencio
Una bajada rápida y sin perdida de tiempo, pero la noche nos alcanza y llegamos al autobús ya con la noche echada
Se nos hizo de noche
Vuelta para Ponferrada a recoger a los bicicleteros, una birra y vuelta a casa, todos contentos comentando las vicisitudes del día. Paramos en León para dejar a los compañeros de la capital y sin perdida de tiempo hasta Cistierna, donde cada oveja a su redil.

viernes, 21 de octubre de 2011

Por tierras del Cid

El domingo después de mucho tiempo de patear solo, salí con un grupo del club de montaña Los Rejos, al cual me he unido. La cosa iba de hacer una pateada por los montes Obarenes, en las proximidades de Pancorbo (Burgos)
El día empezó con algo a lo que no estoy muy acostumbrado, un madrugón, a las 6 de la mañana suena el despertador, el autobús que nos iba a llevar hasta Cubilla de la Sierra, lugar donde empieza la pateada, nos recoge a las 7 en la puerta de la iglesia, allí nos vamos juntando con caras somnolientas y el frescor de la mañana en las mejillas.

Todavía es de noche pero circulando por la meseta empieza a clarear

empieza a asomar el día en la autovía del camino de Santiago
El señor sol empieza a asomar por el horizonte y va ganando altura hasta regalarnos toda su luz y su calor





Viajando hacia el sol naciente

Llegamos a Pancorbo y a todos nos apetecía un cafelito, el día seguía fresco a pesar del sol, así que parada, café y cigarro y retomamos camino hacia Cubilla de la Sierra.
Un poco antes de llegar al pueblo nos deja el bus al borde de una pista donde iba a empezar la pateada, el sol empieza a calentar de lo lindo así que nos vamos sacando capas de encima, nos adentramos en un hayedo
El hayedo
Vamos ganando altura poco a poco sobre la alfombra de hojas que cubre el suelo entre las hayas, el ambiente sombrío es un tanto húmedo y gracias a las sombras el calor no se hace notar mucho, en la ultima parte encontramos avellanos, lo que alguno aprovecha para recoger alguna que otra avellana

Avellanos
 Tras subir la parte final mas empinada, salimos a la parte alta de la ladera cubierta de matorral, desde donde ya empezamos a tener un horizonte mas amplio

laderas del Cantoña
 Aquí hacemos una pequeña parada para reagruparnos y de paso echar una ojeada hacia el valle del Ebro, lo malo es que debido a la calima queda un tanto oculto

Por allá discurre el Ebro
 Otro tirón y nos plantamos en la Peña Maya

En Peña Maya
 Desde ahí salvando la pequeña colladina que los separa pasamos al Cantoña, el buzón de cumbre un tanto curioso, casi necesita manual de instrucciones para dejar una tarjeta

Buzón del Cantoña
 El panorama sobre la meseta burgalesa es espectacular y la vista alcanza hasta los Picos de Urbión

La meseta burgalesa
Una vez hechas las fotos de rigor, retornamos camino para seguir cresteando por la Verdina en dirección al Buey

Peña Buey
Por el camino encontramos otro buzón,

Un buzón en medio de la Verdina
 Antes de atacar Peña Buey encontramos un bosquecín ideal para reponer fuerzas y descargar peso de las mochilas, algunos mas que otros.
Y como no, una excursión sin tortilla es menos excursión

La tortillina
 Y todo un lujo asiático pastel para postre y la sorpresa fue el café, como no acompañado de su correspondiente orujo ¡Que no falte de ná!

Postre vasco
 ¿Y ahora quien se mueve? Pero no queda otra, así que mochila a la espalda y a continuar pateando, desde el Buey vemos lo que nos queda por recorrer, casi nada hasta la ultima cresta y la bajada

Mirando lo que nos queda, hasta allá lejooooooos
 En el Buey encontramos un original buzón

Buzón y vértice geodésico de Peña Buey
 A partir de aquí empezamos el descenso y ya cuando dejamos los montes atrás un vistazo a la Verdina, el sol sigue apretando, suerte de una ligera brisa que lo hace soportable

La Verdina
Llegamos al ultimo objetivo, la Fortaleza de Santa Engracia, construida en 1797 para defender el paso por el desfiladero de Pancorbo
Fortaleza de Sta Engracia
 Desde el fuerte podemos observar gran parte del recorrido, todo el cresteo y el descenso

Un vistazo a la pateada
 Desde la fortaleza nos queda un descenso de unos 400 m casi casi en vertical hasta Pancorbo, alguien dice que va muerto y los buitres agudizan el oído y empiezan a revolotear a nuestro alrededor ¡Yuyu!

Buitres al acecho
Por fin llegamos al bar donde por la mañana habíamos tomado café y donde nos esperaba el autobús, esta vez en lugar de el café, la cerveza fue la reina, que rica sabe después de una buena pateada.
Montamos en el bus y vuelta para Cistierna, volvemos a ir en dirección al sol, pero esta vez se esconde dando paso a la noche

De vuelta a poniente
 Una vez en el pueblo solo queda la despedida y cierre, pero antes habrá que echar la espuela, así que unas cervecitas en una terraza y comentando la jugada nos vamos despidiendo, pensando ya en la siguiente salida.